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Huerta Noble. B.I.C.

Huerta Noble. B.I.C.

La Huerta Noble fue, en sus orígenes (segunda mitad del siglo XVIII), un complejo agrario-industrial, con una arquitectura rural definida y compleja, donde se racionalizan los espacios tanto productivos como constructivos en busca de una mayor rentabilidad económica. Además, debemos añadir el componente social, al representar una forma de vida propia de la burguesía agraria del siglo XVIII. La tendencia a trasladar al campo el refinamiento y el lujo de la vida urbana, va a permitir que en los espacios rurales convivan construcciones populares de uso agrícola junto a casas señoriales dotadas de todas las comodidades imaginables. En la actualidad lo que persiste de las primitivas instalaciones son la cerca perimetral de dimensiones rectangulares con dos de sus ángulos achaflanados, la casa principal, la capilla, una pequeña casa de labor, el antiguo molino de aceite, la noria y alberca y, como pieza excepcional, un palomar o columbario. Este era, en el momento de su construcción, un edificio exento al que, posteriormente, se le van adosando edificaciones a sus muros perimetrales. Cabe destacar que en la cerca perimetral se encuentran catorce azulejos magníficos que, realizados en Holanda en la segunda mitad del siglo XVIII, representan un vía crucis.

El columbario, mandado a construir en 1750 por D. Manuel Rivero González al mismo tiempo que el resto de las edificaciones de la hacienda, se trata de uno de los mayores palomares de Europa. Su planta tiene forma rectangular, de 28,50 m. por 14,40 m y una altura uniforme de 5,50 m. Su interior se halla dividido en 9 calles longitudinales en dirección norte-sur, cortadas en el centro y extremos por 3 calles transversales en dirección este-oeste. Las calles tienen una anchura constante de 85 cm., a excepción de la calle longitudinal de poniente, donde se inserta el bebedero, que mide 92 cm. El bebedero recorre toda la longitud de la calle con una anchura de 50 cm. y una altura de 86 cm. los muros interiores tienen un grosor de 83 cm., sobre los que se distribuyen, en ambas caras, los nidos o palomeras, así como en la parte interna de los muros exteriores.

Todos los nidos están dispuestos, en las caras interiores de los muros que conforman las calles y en el interior del muro perimetral, en bandas horizontales de tres filas cada una y separadas unas bandas de otras por una hilera de ladrillos sobresalientes del muro en cada cara de los muros existentes seis bandas de tres hiladas cada una. Como refuerzo, las calles tienen en sus extremos y a media altura, tirantes transversales de hierro y en el cruce de las calles se conforman arcos de medio punto, dando la sensación de galería en el interior. Para suavizar los espacios, todos los ángulos están cortados en chaflán.

El palomar queda abierto en su parte superior, para facilitar la entrada y salida de las palomas. En el cruce de la calle longitudinal central con la transversal central hay una linterna con cúpula semiesférica de 1,10 m. de diámetro sobre un tambor octogonal, ambos tienen una altura aproximada de 3,70 m. Dicha cúpula queda coronada por un pequeño cuerpo de mampostería, que sostiene una veleta de hierro con flecha y cruz de remate.

Los cuatro ángulos del edificio quedan realzados por cuatro remates, formados por un prisma cuadrangular terminado por una pirámide y laterales a modo de espiral. La linterna y los cuatro pináculos de las esquinas son elementos decorativos muy frecuentes y recurrentes en los columbarios, de influencia francesa, motivados quizás por una búsqueda de enaltecer o distinguir una construcción tan anónima como son los columbarios, aunque en este caso cumplen también una función utilitaria, al proporcionar nidales, ya que hay nidos insertados en el interior, tanto de la linterna como en los remates de los ángulos.

Los nidos o palomeras están realizados con vasijas de cerámica con un ligero estrechamiento en el reborde superior o boca, no todas iguales, su diámetro varía y su profundidad es casi constante. Dichos recipientes son semejantes a los utilizados como cangilones de norias o para la pesca de calamar en esta zona, con la excepción de un pequeño agujero en la base. 

Las 70000 palomeras del columbario fueron encargadas hacia 1760 a alfareros de Jerez de la Frontera, según informa Julián Solesio.

Está inscrito como Lugar de Interés Etnológico bajo el régimen de Bien de Interés Cultural y fue publicado en el BOJA nº 21 de 02/02/2004.